Estadio Panatenaico

Grecia | Atenas 08 agosto 2018 por Marya Gil
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El Estadio Panatenaico, o Kalimármaro, fue construido originalmente entre el 330 y el 329 a.C. para acoger las celebraciones deportivas de las Panateneas, que eran celebraciones religiosas anuales, teniendo mayor importancia cada cuatro años (se puede decir que son las predecesoras a los juegos Olímpicos).

En estas se rendía culto a la diosa Atenea con competiciones hípicas, de lucha, carreras de cuadrigas, atléticas, de belleza y musicales, entre otras.

El estadio tuvo muchos años de gloria, pero fue decayendo poco a poco debido a las guerras y demás acontecimientos que fue sufriendo Atenas. Durante su pertenencia al Imperio Romano, el estadio acogió luchas de gladiadores, pero acabó siendo ruinas para, finalmente, ser una cantera.

Entre los años 1869 y 1870 fue nuevamente construido, esta vez en mármol blanco. Durante las excavaciones que tuvieron lugar para sacar a flote los restos del antiguo estadio se descubrieron numerosos hallazgos, como una estatua con dos cabezas de Apolo y Dionisos, la cual se cree que estaba situada en la línea divisoria de la pista de atletismo. Esta pieza se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. La nueva estructura del estadio fue diseñada por Anastasios Metaxás y siguió fielmente la estructura original. Con 204 metros de largo y 83 de ancho, tiene una capacidad para albergar a 60.000 espectadores.

Este nuevo estadio devolvió el espíritu de las celebraciones originales y en el año 1896 se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de nuestra era.

Desde entonces ha sido testigo de múltiples eventos, como conciertos o celebraciones deportivas, como la Eurocopa del año 2004 en la que la selección helena quedó como flamante triunfadora.

Hoy día el estadio puede ser visitado y ofrece a los visitantes la posibilidad de pasear por las gradas, correr por la pista de atletismo o incluso subirse al pódium como los ganadores de las pruebas e inmortalizar el momento con los anillos del símbolo de los Juegos Olímpicos.

Marya Gil

Marya Gil

Siempre fui la amiga que llevaba una cámara a cuestas, por lo que acabé convirtiendo en una de mis profesiones. Apasionada de los viajes y la comunicación, siempre pensando el próximo destino

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