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Canadá (fotomontaje)
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Costa este de Estados Unidos y Canadá
Estados Unidos, Canadá
 
Mandarina
1/1/2008
 

 

Viernes, 30 de junio

Salimos de Barcelona el viernes 30 de junio; estamos un poco nerviosos ya que tenemos una conexión muy justa de tiempo. Hemos comido en el Prat y hemos comprado un par de libros para entretenernos durante el viaje. Pienso que saldremos puntualísimos ya que son las 2:55 y ya estamos todos dentro del avión. Así es, a las 3:15 el avión empieza a moverse...primer destino: Ámsterdam. La puntualidad de KLM nos ha tranquilizado; el vuelo hasta Ámsterdam ha sido bueno, nos han dado un sandwich a elegir: queso o jamón , zumos y colas. Una vez llegados a Ámsterdam, tenemos que correr para llegar a la puerta de embarque....por fín llegamos. A las 17:10 el avión, el Boeing 777, cierra las puertas, se dirige hacia la pista de despegue...espera su turno...empieza a acelerar...y se eleva, rumbo a EEUU.

Deseo que las horas pasen rápido ya que  tengo mucho miedo a los aviones; cualquier movimiento, cualquier ruido, es percibido por mí de manera diferente a los demás, y hace que mi corazón se acelere de forma anómala y que mis pupilas se dilaten, intento tranquilizarme y empiezo a investigar como funciona la pequeña televisión situada detrás de cada asiento.

-Ummmmm, esto me gusta. Películas...juegos....reportajes...seguimiento de la ruta del avión...música....Estupendo, empezaré a descargar mi adrenalina con un juego.

Las horas discurren casi sin darme cuenta,-pensaba que se me haría mas pesado-. Son las 2:15 (aún no he cambiado la hora) y estamos ya aterrizando en el aeropuerto JFK de New York. Estamos contentos, hemos tenido un vuelo fantástico. Una vez superados los trámites de inmigración y recogida de las maletas, cogemos un táxi y nos dirigimos al hotel Salisbury; el hotel fue reservado a través de internet; ningún problema con la reserva, cosa que nos alegra.

El hotel está bien situado en la calle 57, junto al Carnegie Hall. Es un hotel  antiguo, tiene la recepción pequeña, los dos ascensores son muy lentos. La habitacion es espaciosa, tiene dos camas grandes, cosa que alegra mucho a mi hija, ya que no tendrá que dormir en plegatín, y lo más importante: está muy limpio. Estamos rendidos y nos vamos directos a dormir. Nos esperan cuatro días intensos.

Sábado, 1 julio.

Nos hemos despertado pronto, desayunamos en el hotel, bollería (los muffins están de miedo), tostadas, huevos duros, yogurt....y, cómo no, café americano a litros. Como prefiero poco, pero bueno, me he traído sobrecitos de nescafé y cola-cao y pasamos del café del país.

Compramos una Metrocard que nos cuesta 20 dólares (doce viajes) y cogemos el autobús, nuestro medio de transporte a partir de éste momento y a las 9 en punto estamos en la cola para coger el ferry hacia la Estatua de la Libertad y Ellis Island.

Una vez visto y requetefotografiado todo, empezamos la caminata empezando por Battery Park hasta Bowling Green para llegar hasta el famoso toro al que mi hija tenía mucho interés en hacerse una foto con el y subimos por el distrito financiero  llegando a Pier 17, agradable zona portuaria y comercial, repleta de turismo y donde se obtienen unas bonitas fotos del puente de Brooklyn. El sol aprieta fuerte, compramos unas aguas y descansamos mientras observamos los improvisados artistas que se encuentran delante de las terracitas.


Una vez recuperados, emprendemos la marcha, atravesando Fulton Street hasta la zona cero; entramos en Century 21 pero no encuentro nada y salimos agobiados por el gentío; nos acercamos a Trinity Church para subir después por Broadway, Woolworth Building, rascacielos de estilo neogótico, llamado la “Catedral del Comercio” hasta el City Hall; en el Carusso de Broadway paramos a comer unas pizzas, no son gran cosa, pero han servido para llenar el estómago y recuperar la glucemia, necesaria para poder continuar la marcha.

Continuamos por Broadway hasta cruzar con Canal Street y llegar a Chinatown; la atmósfera que se respira en éste barrio es fascinante, los caracteres chinos cuelgan de las fachadas de las casas, los comercios se suceden vendiendo los productos más diversos, el bullicio de la gente es constante...una vez vistas varias calles y ya un poco cansados, debido al agobio de la multitud de gente allí concentrada, cambiamos de tercio y llegamos a Little Italy; realmente no queda mucho de Italia, pero nos gustó, ya que por aquellos días, se jugaba el mundial de fútbol y Mulberry Street se encontraba toda engalanada para la ocasión, banderas y banderetas, pancartas animando a su equipo, en definitiva, una explosión de colorido, en donde el ambiente italiano se apreciaba en cada rincón.

Dejamos Little Italy y entramos en el Village, una vez vista la Old St.Patrick´s Catedral. De éste barrio nos gustó muchísimo Washington Square. En esta agradable plaza encontramos una sucesión de variopintos personajes: muchos improvisados músicos, malabaristas, y en general diferentes tipos de personas, que por alguna razón u otra hacían que la plaza fuera como un improvisado escenario, en la que cada uno tenía un espacio. Nos gustó mucho el ambiente y estuvimos un rato contemplando la escena.

Acabamos el agotador día cenando unas hamburguesas enormes junto con unas amigas, en un Corner bistro del mismo Village; luego cogimos el autobús hasta el hotel.

Domingo, 2 de julio.

A las 6 de la mañana ya estamos despiertos. Hoy al ser domingo, tenemos previsto asistir a una misa gospel en la Antioch en Harlem. Creemos que llegamos bien de hora, pero por lo visto las cosas han cambiado, y han comenzado antes; vemos todo el sermón, con desmayo incluido de una feligresa  que, al llegar al éxtasis, se desplomó en redondo, pero el coro no fue posible verlo, ya que salió al principio...el gozo en un pozo.

Empezamos la ruta con la Riverside Church, es una iglesia de estilo gótico, que nos llamó la atención por su torre alta y compacta de 20 pisos; había mucha gente elegantemente vestida, en aquellos momentos habían acabado el oficio y esperaban, conversando, el momento del "piscolabis", costumbre habitual en algunas iglesias de confesión protestante.

El aspecto exterior es el de un mausoleo romano y su interior es como la tumba de Napoleón en Paris, hay tambien una pequeña exposición sobre la vida de Grant, vestido todo de forma solemne.

Continuamos hacia la Universidad de Columbia y la inconclusa Catedral de St. John the Divine para entrar en Central Park, atravesandolo todo, todo, de norte a sur. En la rivera del lago artificial, un cantante de country hacia las delicias de los curiosos que sentados sobre el césped entonaban los estribillos de canciones superconocidas...como no, “Imagine” de John Lennon, esto nos recordó que estábamos cerca de Strawberry Fields y de los apartamentos Dakota.

Comimos en Broadway, en un restaurante de la cadena Metro, unas ensaladas enormes y que estaban bastante bien, y una vez repuestos del calor, continuamos por Central Park; mi hija palideció de súbito.

-¿Queeee?. ¿Otra vez Central Park? Nooooo....tengo los pies molidos....

Realmente tenía razón; el parque es enorme y con muchas posibilidades para realizar todo tipo de deporte; fue divertido ver cómo entrenaban unos jugadores  de béisbol vistosamente equipados, o sentados en un banco, ver pasar a los incondicionales del footing con sus caras enrojecidas y las espaldas mojadas por el sudor debido al terrible solano que caía en NY; los más prudentes, los veíamos sentados en el césped bajo un árbol, leyendo un libro, escuchando música, descansando....Central Park te permite evadirte, aislarte...y esto es un lujo en una ciudad como NY.

Una vez oxigenados los pulmones, salimos del parque y nos desviamos para llegar a Lincoln Center.

En Columbos Circle hicimos otro descanso y sentados en unas escaleras nos pasábamos la pelota de béisbol que nos encontramos en el parque y de ésta manera hacer olvidar el cansancio aunque fuese por unos momentos. Fue una suerte que el hotel estuviese situado en la 57 ;  estábamos ya cerca; este día la caminata fue enorme. Dejamos a la niña rendida en el hotel y nosotros fuimos a comprar algo para cenar; por suerte había un supermercado cerca y bien abastecido aunque un poco carillo. Compramos para hacer unos bocatas y fruta ya cortada y lista para comer, deliciosa, y directos al hotel.

Lunes, 3 de julio.

Después del desayuno de rigor, otra vez sobre el asfalto dirección Catedral de St. Patrick. Allí preguntamos a un policía si mañana día 4 de julio, al ser una festividad, se encontraba abierto el Metropolitan. Erróneamente, el poli en cuestión nos dice que no, que el día 4 los museos estarán cerrados. Nuestros planes se van al traste...!!!
-No podremos ver el Metropolitan !!!
-¿Qué hacemos?...pues autobús y directos al museo.

El Metropolitan es enorme, acabas perdiéndote igual que en el Louvre de Paris y describirlo es imposible, hay que verlo. Una vez empapados de cultura, cogemos el autobús hasta el Flatiron, edificio que me encanta por su sencillez, simplicidad y esbeltez en su forma triangular; comemos por Broadway; en ésta zona la avenida tiene un aspecto diferente; se respira otro ambiente, portales destartalados, sucios y un tanto extraños, que encierran, tras subir otras destartaladas escaleras, comercios con todo tipo de ropa. Nos llama un tipo con una extraña pinta y nos pregunta si buscamos algo en especial, mi hija se afana en decir que le interesa la ropa de basket...con un gesto nos indica que subamos hacia arriba. Un escalofrio recorre mi cuerpo

-Yo no voy . Id vosotros, si en un rato no volvéis...la armo.

Me quedo en la calle esperando, observo el trajín de hombres que llevan enormes cajas de las furgonetas hasta los portales; otros charlan y me observan. ¿qué estarán pensando?. Tardan y me estoy poniendo nerviosa...al poco tiempo, veo a mi familia salir del pequeño portal. Mi hija sale sonriendo, lleva  una bolsa de basura y le pregunto:

-¿Qué?¿Cómo ha ido?

-Lo que te has perdido, hay de todo...he comprado dos camisetas y dos pantalones de basket.

La niña supercontenta, por supuesto todo de imitación, pero que más dá, estaba bien de precio y a ella le gusta, pues adelante.


Continuamos por Broadway, poco a poco va cambiando de aspecto y adquiere su forma más “conocida”, nos desviamos hacia la calle 32 para ver Pennsylvania Station y el Madison Square Garden; continuamos por la 34 hasta el Empire State, foto de rigor  y a subir, pero antes vemos un cartelito que me recuerda mucho a Port Aventura o Disney,  indicándonos el tiempo de espera, que era en aquellos momentos de más de dos horas...nos quedamos mudos; después del asombro, discutimos los tres qué queríamos hacer, la decisión fue unánime: era demasiado tiempo de espera, sólo nos quedaba un día de estancia en NY y por lo menos queríamos ver lo más emblemático. Nada, pues a seguir caminando. Continuamos por la interminable Broadway hasta el cruce con la 40 y hacemos un alto en Bryant Park, parque situado detrás de la Biblioteca Pública, un remanso de paz dentro de la gran manzana, repleto de jóvenes y no tan jóvenes, sentados en el césped junto a sus portátiles, trabajando o charlando. Nos sentamos y tomamos un refresco mientras comentamos de lo acontecido durante el día. Nos hemos repuesto y continuamos tomando la calle 42: a la izquierda Grand Central Terminal y un edificio bellísimo: la Chrysler Building, a la derecha el Dayly News Building hasta llegar a las Naciones Unidas. Foto y tomamos el autobús hacia Times Square: las luces de neón brillaban con todo su esplendor; Times tiene algo especial, casi mágico; después de recrearnos con la vista y entrar de manera fugaz  a la enorme tienda Virgin, nos vamos despacito hacia el Rockefeller Center, foto a RCA building y al famoso Prometeo, las luces lo hacen brillar, la plaza está llena de gentío; muy cansados decidimos retirarnos al hotel y guardar los esfuerzos para el último día.

Martes, 4 de julio.

Después de saber que hoy todos los museos están abiertos, por lo menos los que a nosotros nos interesaban, debemos escoger entre el MOMA o el Museo de Historia. Por consenso decidimos el museo de Historia; aunque la pintura nos gusta mucho, estamos ya un poco cansados de tanto lienzo y apostamos por algo diferente, pensando que, sobre todo para mi hija, el museo de Historia podría ser más agradable.
 Realmente es como nos habíamos imaginado.Pasamos toda la mañana en el museo y almorzamos en un restaurante situado dentro del mismo para no perder tiempo: tres raciones de McNuggets con patatas y tres refrescos por unos 33 dólares. Este museo es muy interesante, ameno y divertido y no nos ha defraudado en absoluto, estamos contentos con la elección. Pasadas las 16.00 de la tarde salimos del recinto y decidimos ir a comprar algo a la tienda de la NBA.

-Si...si....replicó Nora.

-Cogeremos el bus -¿Verdad?.

-Por supuesto-, le dije.

Lo que no se imaginaba es que para coger el bus, teníamos que atravesar otra vez Central Park, pero ésta vez de Oeste a Este. Sólo con sentir estas dos palabras, el cansancio le entró de forma rauda. Además debíamos de darnos prisa ya que la tienda cerraban a las 18:00 en punto.

-Nooooooooooooo......otra vez noooooooo......!!!!!

 Intentamos seguir la línea más recta para atravesar el parque en sentido oeste-este, cosa difícil en un lugar como aquel, y además en un paso muy rápido hasta llegar a la Avenue fifth. Exhaustos llegamos a la parada del bus, que llegó en pocos minutos. Una vez dentro, chequeamos la Metrocard y sucedió lo que nos temíamos: nos habíamos comido todos los trayectos. El conductor nos miraba con cara de pocos amigos, y mientras conducía nos dice:

-Está caducada.- La cosa era evidente; sacamos un billete para pagar el trayecto.

-No se puede pagar con billete- murmuró, sólo con monedas de 2 dólares o con Metrocard-. Pues vaya fastidio, ya que no tenemos ni una cosa ni la otra. Mientras rebuscábamos todos los bolsillos, veíamos que nos estábamos acercando a la tienda.

-Bueno-, pensé, si nos hace bajar del bus, ya nos encontramos cerca y no tendremos que caminar. Después de estar todo el trayecto de pie al lado del susodicho conductor, llegamos a la parada de la NBA y en un hispano perfecto y riéndose a carcajada limpia, nos pregunta de donde somos y que hacemos por allí...nos abre las puertas y con una sonrisa nos dice “bye”. Cómo hemos sufrido...

La tienda de la NBA es una pasada, yo creo que aunque el básket no te guste, curiosear por aquella tienda es todo un placer. Pero claro, todo tiene un límite ya que, después de casi una hora dando tumbos por la tienda, por fin consiguió lo que quería y pudimos salir a la calle. Dimos un  paseo por la elegante 5 avenida esperando encontrar más ambiente patriótico en la ciudad  por ser el 4 de julio, pero nada de nada; preguntamos  si hacían alguna cosa especial, y nos comentaron lo que ya sabíamos: lo único, los fuegos artificiales al lado del río por la noche. Decidimos que ya teníamos suficiente y regresamos al hotel.

Mañana nos vamos de la city, casi se podría decir que comenzamos otro viaje y ya lo deseamos, estos cuatro días han sido agotadores, pero estamos satisfechos ya que hemos podido ver casi todo lo que queríamos.
   
New York nos ha gustado mucho, es una gran ciudad, con un ambiente peculiar, que la hace diferente a otras ciudades...nuestro breve paso por la ciudad, fue... como un café expreso:corto, fuerte e intenso; ahora sólo falta volver otra vez....para degustarla.

Miércoles 5 de julio.

Hoy comienza la segunda etapa del viaje. El despertador suena a las 7.30 y como siempre desayunamos en el hotel. Hoy no hemos amortizado los 3 dólares que cuesta el desayuno, ya que tanto Cesc como yo tenemos un pequeño nudo en el estómago debido, claro está, a los nervios.

Reestructuramos las maletas y una vez realizado el chek-out, esperamos a Andy, el taxista que nos llevará al aeropuerto, lugar donde tenemos que coger el coche.
   
Esta lloviendo a mares y el cielo aparece totalmente nublado, con lo que da la sensación que tendremos lluvia durante todo el día. Mientras esperamos, aprovechamos que hay una tienda de souvenirs al lado mismo del hotel y nos compramos un par de camisetas, las típicas de I love NY; aunque rara vez me pongo las camisetas de los sitios en que hemos viajado, sé de sobras, que si no las compro luego me arrepiento. Lo que sí tengo bien guardado, es el magnético para la nevera; colecciono magnéticos de los lugares que hemos estado, me gusta, y la nevera luce un montón.
     
Solucionado el tema de las compras, volvemos al hotel. En tan sólo un momento hemos quedado empapadas de agua. Mientras esperamos, charlamos con el portero del hotel, un chico hispano muy simpático, que  nos va contando toda su vida. Conversando,  el tiempo discurre deprisa y Andy llega puntual. Como toda gran ciudad, cuando llueve queda todo colapsado, el tráfico es muy intenso...tardamos bastante tiempo en llegar a la terminal de Avis en el aeropuerto JFK.
     
Nos hacen entrega de un Mitsubishi; el coche no está mal, huele a nuevo y tiene poquísimos kilómetros....pero tiene una pega: a pesar de que no es un coche pequeño, tiene un maletero tirando a escaso; llevamos el equipaje de siempre, una maleta grande, otra mediana y una de pequeñita para los zapatos; para éste viaje hemos añadido una bolsa, que denominamos de infraestructura, en la que hemos metido un poco de todo:

*Aceite, sal y azucar. Nescafé y cola-cao.
*Unos cubiertos y abrelatas....
*Una sarten y una olla.
*Bolsas de basura y bolsas para alimentos.
*Un mantel y servilletas.
*Jabón y agujas para tender ropa.
*Un pequeño costurero.
*Los cargadores de todos los aparatos eléctricos.
*Adaptadores.
*Cosas varias....
   
 Después de cambiar varias veces la posición de las maletas, al fin conseguimos ponerlas dentro y además que el capó cerrara correctamente.

-Sin lugar a dudas, ésta es la posición en la que tienen que estar- Me comenta Cesc después de una acalorada lucha con los pacientes bultos.
     
Una vez todo dispuesto, entramos en el coche. Cómo ya sabíamos tiene el cambio automático, -por cierto, muy aburrido si tienes que conducir largas distancias-. Andy nos explica el funcionamiento y después de comentar con él la salida de Nueva York, nos dice que le sigamos hasta que nuestras direcciones se separaran. Dándole las gracias por todo, nos despedimos con un abrazo y nos disponemos a seguirle hasta donde podamos

-¿Porqué no dejará de llover?. Me pregunto. Se me hace difícil ver los letreros con tanta lluvia...y no consigo situarme en mi mapa.
   
Después de unos kilómetros, empezamos a relajarnos, quizás porque ya hemos salido de Nueva York, previo pago de la autopista ( en total, más o menos unos 13,10 dólares). Aunque Philadelphia está cerca de Nueva York, encontramos trabajos en la carretera y muchas, muchas retenciones, que hizo retrasar muchísimo la entrada en la ciudad.

Llegados a Philadelphia, aparcamos el coche en el Independence Visitors Center, después de casi 20 minutos dando vueltas por todos los niveles del parking, desesperados y a punto de volver a salir al no encontrar aparcamiento.

De la ciudad, nos interesa sobre todo el distrito histórico: el majestuoso Independence Hall, escenario de numerosos acontecimientos históricos; el Liberty Bell Pavillion: edificio de cristal donde se exhibe la campana, el símbolo más característico de Philadelphia.

Continuamos con la visita a la Christ Church, lugar de oración de destacados colonos, entre ellos algunos signatarios de la Declaración de Independencia; la Betsy Ross House, donde cuenta la leyenda que fue en esta casa donde la joven costurera cosió la primera bandera estadounidense, llegando a la calle residencial permanentemente ocupada más antigua de Estados Unidos: la Elfreth´s Alley; acabamos la visita en el Society Hill, el barrio más pintoresco de la ciudad.
     
Después de comer en un Starbuck´s unos spaguettis más bien sosillos (26.69 $) retiramos el coche del atestado parking (14 $) y por la autopista nos dirigimos a Washington.

En EEUU, yo creo que todo es enorme, incluso las retenciones en la autopista. Este día, precisamente el primer día que estábamos de ruta, encontramos unas colas de campeonato, tanto es así que empezaba a oscurecer, y consecuentemente mientras nos encontrábamos atascados en la carretera, empecé a mirar la guía de alojamientos "Traveler Discount Guide", que de forma gratuita se encuentran en las áreas de servicio. Os recomiendo estas guías; hay todo tipo de alojamientos, desde un EconoLodge o Travelodge hasta hoteles de la cadena Mariott, Hilton o Sheraton por nombrar algunos de los conocidos....los descuentos son sustanciosos y siempre tienes la garantía de estar en una cadena que lógicamente te merecen confianza.

Debido a los enormes atascos, tenemos que hacer noche cerca de Baltimore, en un Travelodge. Es un motel sencillo, típico de carretera; nos atiende un señor de aspecto un tanto descuidado, motivo por el cual quiero ver la habitación antes de decidirme; nos indica el número de habitación y nos da la llave-tarjeta.

No es mi habitación preferida pero no está mal, tiene dos camas dobles, una mesa y dos sillas, microondas y nevera muy limpios y un lavabo grande. Oler, oler....no precisamente a rosas, pero no está mal teniendo en cuenta que la habitación para tres personas con desayuno incluido nos cuesta 48.95 $.

-Yes...It´s ok. Le comento al descuidado recepcionista.

Entramos las maletas, y una vez organizados, cenamos cómodamente en la mesa, la comida que habíamos comprado en un supermercado. Mientras, escuchamos las noticias en la TV, dándonos cuenta, que la enorme cola que durante todo el día había en la carretera, fue debido  desgraciadamente, a un accidente de un autobús escolar. Ahora le encontrábamos una explicación a lo sucedido.

Después de varios sobresaltos debido a la tormenta de rayos y truenos, además del jolgorio que tenían montado en la habitación contigua, caímos dormidos como marmotas.


Jueves, 6 de julio.

Después de un desayuno poco consistente, sólo a base de donuts escasos y durillos, emprendemos otra vez la marcha. Antes ponemos gasolina (26 $) y una vez en la carretera, caemos en el desánimo al ver que, otra vez, hay retenciones hasta el punto de quedar parados en la carretera.

-Pero bueno...¿Qué ocurre ésta vez?.
-A éste paso no llegaremos nunca a Washington.

Nos armamos de paciencia ya que no podemos hacer otra cosa. La conducción en EEUU, es diferente a Europa. En Europa es normal pasar de un carril a otro, para evitar al que va más despacio que nosotros. Si esto no se consigue, en seguida nos ponemos nerviosos. La conducción, como diría....es más "alegre". En cambio en EEUU esto es impensable, o por lo menos nosotros no lo hemos visto en ninguna ocasión. Se conduce de manera tranquila, relajada, sin prisas...al final, acabas por acostumbrarte. Pienso que algo tendrá que ver con los coches automáticos, ya que no permiten unas aceleraciones tan rápidas como los coches con cambio manual.

Una vez superados los obstáculos de la carretera, llegamos a Washington.  Aparcamos  cerca del Capitolio, pero una vez fuera del coche, nos damos cuenta de que todos los coches llevan un papelito. No lo vemos claro y preguntamos a un policía que casualmente ha parado cerca de nosotros. Nos indica que no es posible aparcar en aquel lugar ya que todo son aparcamientos reservados. Así que, optamos por el aparcamiento cubierto y vigilado para evitar la sorpresa de llegar y no encontrar el coche debido a su mal estacionamiento.

Dejamos el coche en el aparcamiento de Union Station. No sólo es una estación ferroviaria, sino un punto de encuentro ya que en éste lugar hay numerosas tiendas, boutiques de lujo, restaurantes y bares, siendo un eje de la vida social. Empezamos la visita por el Capitolio, sede del congreso; la Corte Suprema y la Librería del Congreso.

Luego empezamos la larguísima caminata a través de los jardines de The Mall que enlazan el Capitolio hasta el Lincoln Memorial.Todo el trayecto está surcado de bellos edificios que encierran interesantes museos.

Nos interesa el National Air and Space Museum: en sus 26 galerias se muestra de modo sugerente y ameno la historia del vuelo humano. Así podemos ver el Spirit of St Louis, con el que Charles Lindberg cruzó sin escalas el Atlántico en 1927; el legendario X-15 que traspasó la barrera del sonido; el Mercury que puso en órbita a John Glenn en 1962; la cápsula del Gemini 4 con la que se hizo el primer paseo espacial en 1965 o la cabina de mando del Apolo 11 que realizó el primer vuelo a la luna; tambien podemos ver misiles soviéticos y norteamericanos; la estación orbital Skylab o la reproducción del transbordador Columbia; equipamientos de los astronautas, piedras lunares....proyecciones en Imax y espectáculos de simulaciones interestelares, además otras muchas exposiciones todas igualmente interesantes. Un museo recomendable al 100% y del que salimos muy contentos. Debido al tiempo que empleamos, decidimos comer en el mismo museo, en un McDonalds enorme.

Continuamos por los jardines de The Mall y vamos observando los diversos monumentos conmemorativos de la historia norteamericana: Washington Monument, Vietnam Veterans Memorial....entre otros, hasta llegar al Lincoln Memorial, donde se encuentra la estatua sedente del presidente. Me imaginaba la estatua mucho más pequeña, con lo cual tuve una agradable impresión.

Continuamos por la Constitution Avenue y la 17 th street hasta llegar a la White House. Nos encontramos con una situación curiosa, ya que mientras estabamos acercándonos a la Casa Blanca, oímos el ruido de unos helicópteros e inmediatamente cerraron la calle con ninguna posibilidad de poder avanzar. Preguntamos al policía que estaba sucediendo, a lo que nos respondió.

-Mientras se oigan los helicópteros todo quedará cerrado, cuando cese el ruido, abriremos otra vez la calle.
-Alguien importante va camino de la Casa Blanca
-Puede ser-. Respondió el policia.

Una vez los helicópteros dejaron a su pasajero y se marcharon, quitaron las vallas que cerraban la calle pudiendo continuar para, desde lejos, hacer la foto de la ilustre casa.

Continuamos por el  Downtown hasta llegar otra vez a Union Station. La larga caminata hizo que empleáramos demasiado tiempo, era más tarde de las 7 y no llegamos a tiempo de ver el cementerio de Arlington, porque ya estaba cerrado. En EEUU  cierran muy temprano tanto los museos como cualquier otra atracción turística. Nos encontramos fracasados al querer ver algún museo por cerrar incluso a las 5 de la tarde, pero lo bueno es que media hora antes, es decir a las 4.30, ya cierran la billeteria. En éste sentido trabajan poco y fastidian mucho.

Nora se alegró de no poder visitar Arlington. Desde su punto de vista, no deja de ser un cementerio, y tiene  razón; pero....a mi me hacía ilusión. Hemos visto varios cementerios militares en Europa y la verdad es que son impactantes.

Hoy empezamos a buscar el motel demasiado tarde y nos encontramos con que los moteles están ocupados. Ya ha oscurecido y no encontramos nada libre de los que teníamos previsto. Tenemos que continuar unas millas más, hasta el próximo grupo de moteles. Alrededor de las 10 de la noche, encontramos alojamiento en un Sheraton, nos ha costado más que la noche anterior pero el motel está muy bién.

A partir de éste día, y para no tener la sorpresa de encontrar los moteles llenos, siempre empezábamos a buscar alrededor de las 7 de la tarde. Esto nos permitía ir a comprar la cena a los supermercados que se encuentran junto a los moteles y cenar tranquilamente en la habitación mientras mirábamos las competiciones de rodeo en la TV y preparábamos la ruta del día siguiente.

Viernes, 7 de julio.

Hoy empezamos el día con buen tiempo, son las 10 de la mañana y hemos acabado de desayunar; como siempre: poco de todo. Los desayunos no son generosos, iremos comprobando que ésta será la tónica a lo largo de los días. Pero tampoco podemos pedir más si están incluidos en el precio.

La mañana la dedicaremos a visitar Gettysburg, batalla  ocurrida en julio de 1863 y que fue crucial en la guerra de secesión.

Se puede seguir el curso de la batalla mediante un folleto que describe un itinerario de casi 28,8 kilómetros por las carreteras y caminos que rodean el escenario de la batalla. El recorrido, que se recorre en tu propio coche, es gratis, y están señalizadas todas las zonas interesantes pudiendo aparcar el coche sin ningún problema y tomar la foto respectiva.


Por la tarde nos dirigimos a la región de los amish En ésta región situada al oeste de Philadelphia, se establecieron amish, menonitas y otros inmigrantes alemanes  y suizos que escaparon de la persecución religiosa de sus países de origen. No aceptan la civilización moderna y mantienen un estilo de vida peculiar, totalmente alejado del progreso.

Visitamos el Amish Village,(20,25 $) en donde se puede conocer la vida de los amish  a traves de una visita en una de sus casas. Su modo de vida tan peculiar, no nos atrae en absoluto aunque es curioso de ver.

Visto el Amish Village, queremos apreciar mejor la vida amish circulando por carreteras secundarias, especialmente la 23 y 340 para ver si podemos tomar alguna foto sin que se den cuenta. Al cabo de un rato de estar circulando, veo a lo lejos un carro tirado por caballos. Me pongo muy nerviosa:

-No corras...no corras....más despacio....
-La cámara, Nora....!!pásame la cámara de fotos....!!!
-Corre..date prisa...
-Que no la encuentro.
-Pues la de video...correeeeee

Tuve tiempo de poder filmar al carro tirado por caballos mientras lo íbamos adelantando, y en el que un personaje,  vestido enteramente de negro, sujetaba las riendas, circulando pacientemente entre los coches.

-¡!Fantástico!!.


Acabamos la tarde visitando algunos pueblecitos situados en las carreteras antes mencionadas, cámara en ristre para captar algunos otros tranquilos amish.

Tomamos dirección Harrisburg, para finalizar el día en un Holiday Inn cerca de Williamsport. Como siempre al anochecer, hacemos turismo de supermercado. Estamos cansados de tanto bocata durante las cenas y después de mirar por el super, decidimos comprar una placa electrica para poder cenar algo caliente y más consistente. Después de mirar un poco, optamos por una placa  que nos cuesta sólo 8,48 $. No estamos muy seguros que funcione demasiado bien ....a éste precio. Buscamos algo que no haga mucho humo, ya que sólo nos faltaría hacer saltar la alarma de incendios del hotel. ¡!me muero de vergüenza!!.

Una vez en el hotel, sacamos la placa, que es muy mona, y la enchufamos en el cuarto de baño. Al final hemos comprado baritas de merluza que acompañaremos con patatas chips, queso, pan con tomate para acabar con mucha fruta de postre.

En un momento, la paella empieza a calentarse...

-Esto funcionaaaaaa...
-Ummmm....delicioso.
-Una cena estupenda y no ha saltado la alarma. Hemos hecho una buena compra.

Después del fabuloso festín –quien no se conforma es porque no quiere- , hoy toca lavar un poco de ropa. En un momento, el lavabo se convierte en un improvisado tendedero, cosa que también será habitual en los próximos días.

Una vez recogido todo, nos relajamos en las cómodas camas, degustando unas cervezas bastante carillas, mientras comentamos lo acontecido durante el día y afirmamos con total seguridad las comodidades que se pierden nuestros amigos los amish.

Sábado, 8 de julio.

-Ringgggg...ringgggg....ringgggg.....
-Te toca a ti...que estás al lado de la mesita de noche.

Son las 7.30; Cesc, coge el mobil que funciona como despertador y lo desconecta....al cabo de una hora volvemos a despertarnos. Ahora estamos más despejados; después de una buena ducha, bajamos a desayunar. Nada nuevo...como siempre, acabamos con  tostadas con mantequilla y mermelada y el nescafé que hemos traído de casa. Recogemos la ropa tendida, que aun no está seca y la colocamos con las perchas en los cristales del coche, nuestro segundo tendedero y el mas eficaz, ya que con el calor que hace, al final del día todo estarà ya seco, y otra vez a la maleta.

Ponemos gasolina, ya que siempre queremos empezar el día con el depósito lleno. Cómo en muchas gasolineras de aquí España, primero tienes que pagar y luego llenas el depósito. Ésta vez, hemos pagado más de la cuenta, ya que el depósito aún está bastante lleno. Bueno, entonces lo que hay que hacer es ir otra vez a la oficina y te devuelven el cambio, así de sencillo.

Hoy estamos nerviosos ya que llegaremos a las Cataratas del Niágara. En todo viaje, siempre hay cosas que te hacen más ilusión que otras; pues bien, las cataratas en este viaje, es una de ellas.

Nos acercamos a la frontera con el Canadá. No hay retención en la frontera. Nos piden los pasaportes y nos preguntan cuantos días estaremos en el país. No tenemos ningún problema con el coche, aunque para más tranquilidad, llevábamos una autorización que nos hizo Avis para poder pasar la frontera.

Lo primero que hacemos es un comprar un mapa más detallado del Canada , imprescindible para ir más orientados y por lo tanto, más tranquilos. Posteriormente buscamos un motel. Los moteles en Niágara Falls son carísimos, por lo que es mucho mejor, si encuentras habitación, quedarse en las afueras de la ciudad. Además, en Canada, no hay el sistema de cupones de descuento  en los moteles, o al menos no lo supimos encontrar. Nos dijeron que reservando diariamente y por teléfono, había una reducción en el precio. Nunca lo pudimos comprobar ya que dependiendo de los días, llegábamos más lejos o menos y era arriesgado determinar con exactitud el motel al que llegaríamos.


Nos quedamos en un Days Inn, regentado por un indú envuelto en un llamativo turbante, que nos dice el precio de la habitación (215 $ canadienses!!) y nos da la tarjeta-llave. Nos vamos rápidamente a la habitación, ya que deseamos ver lo antes posible las cataratas.

-No puedo abrir la puerta.- Paso la tarjeta varias veces, pero la puerta no se abre.
-Déjame a mi-, dice Cesc , sabiendo que yo soy bastante patosa para abrir las puertas con el plástico.
-Ostras, pues es verdad, no se abre.

Después de intentarlo varias veces, y a consecuencia del alboroto que armamos, la puerta se abrió....

-Oh...sorry, sorry...
 
La habitación ya estaba ocupada, y sus ocupantes estaban durmiendo una siesta. Me pongo echa una furia.

-Me va a oir el del turbante!!. Nos cuesta la habitación un riñón y encima nos da una  que está ocupada. Que descontrol; será posible....!!

Después de cantarle la caña al recepcionista, nos pide disculpas y nos da otra habitación. La abrimos con cuidado y....nadie. Dejamos las maletas y ponemos las bebidas y la comida en la nevera y nos vamos rápido.

El hotel se encuentra en el centro de Niágara Falls, muy bien situado. Dejamos el coche en el aparcamiento y a pie nos vamos hacia las cataratas, a las que llegamos en un momento. Se pueden describir las cataratas con multiples adjetivos: espectaculares, impresionantes, maravillosas.., pero lo mejor es verlas. 

Cogemos los tíquets para embarcar en el Maid of the Mist –el barco que te lleva al pie de la catarata-. Un ascensor te lleva hasta la zona inferior para poder llegar al muelle; antes de embarcar, te dan el típico impermeable de color azul para no mojarte.

-Vaya tontería, no pienso ponérmelo- Dijo Nora.

-Pues tu misma, le replicó Cesc.
 
Mientras ellos discutían, yo ya me había puesto el “elegante” chubasquero, medidas americanas supongo, ya que casi me lo pisaba. Luego, ayudé a Cesc, que tenía todo el chubasquero enrollado detrás de la espalda y encallado en el maletín de la cámara fotográfica. La pelea con el dichoso plástico, acabó en una victoria cuando  le presté mi ayuda; mientras caminábamos nos reíamos mucho, y Nora optó también por ponerse el modelito.

Una vez dentro del Maid of the Mist, el barco empezó a moverse dirección a las cataratas. A medida que íbamos acercándonos, el ruido y la fuerza del agua se mostraban con todo su esplendor. Era realmente impresionante estar debajo del agua, quedamos totalmente empapados y temíamos por las cámaras, que aunque secamos inmediatamente, no pudimos evitar que se mojaran.

Fue una experiencia alucinante y totalmente aconsejable; las cataratas desde el lado canadiense, muy muy bonitas. Después de recrearnos varios minutos con la vista, dejamos este bonito lugar y fuimos a ver la ciudad. Niágara Falls es totalmente artificial, creada por y para el turismo. Toda la ciudad es una atracción de feria: pasajes del terror, atracciones de todo tipo, tiendas, bares y baretos....Por la noche, cantidad de luces de neón iluminaban la ciudad, mientras te veías obligado a pedir paso entre la gente. Una ciudad curiosa e ideal para los amantes de la noche, cosa que no era nuestro caso, con lo cual preferimos la tranquilidad del hotel, después de observar por última vez la bella estampa de las cataratas iluminadas.

Domingo, 9 de julio.

Hemos llegado en el momento justo para el desayunar, ya que poco después de haber llegado, se montó una cola de campeonato para poder pillar una magdalena. Mientras engullíamos la magdalena, leíamos una nota dispuesta sobre la mesa, que decía más o menos esto:

-Por favor, no te entretengas demasiado, hay gente esperando.
 
De todas maneras, terminamos pronto, ya que sólo con ver la cola que teníamos que hacer para ir a recoger otra tostada, se nos terminó el hambre en seguida.
Mientras realizo el chek-out, quejándome en mis adentros por el excesivo precio de la habitación, Cesc va colocando como cada día, las maletas en el coche.

Antes de llegar a Toronto, queremos desviarnos para ir a Brantford, localidad que en el pasado fue una próspera aldea mohawk. El Six Nations-New Crédit District, situado en el extremo sudeste de la ciudad, se encuentra habitado durante siglos por comunidades índias, y así lo constatamos cuando al preguntar donde estaba localizada la Kanata, nombre al que se le da a una reproducción de una aldea iroquesa del s. XVII, la gente que nos responde tiene unos rasgos faciales que fácilmente identificamos como indios.

La Kanata, se muestra difícil de encontrar, está poco y mal señalizada y cuando conseguimos encontrarla, tenemos la mala suerte que está cerrada. No sabemos porqué y tampoco podemos preguntarlo ya que no hay nadie. Podemos ver la pequeña Her Majesty´s Chapel of the Mohawks.

Antes de llegar a Toronto, nos detenemos en una pizzería para comer  ya que con el estómago llego todo tiene un cariz distinto.
Lo primero que se ve al acercarte a Toronto,  es la CN Tower, y no es para menos, ya que la torre mide 553 m. En el recorrido por la ciudad, incluiremos  el Harbourfront , Chinatown, kennsinton Market, Universidad de Toronto y St. Lawrence Market.

Sin ser  expectacular, Toronto es una ciudad bonita, con grandes edificios y un centro agradable. Queremos hacer noche, fuera de Toronto  y llegamos hasta Peterborough. Probamos primero con un Holiday Inn del que salimos rápidamente por su elevado precio; luego entramos en un motel regentado por chinos, y aunque el precio es inferior al Holiday, insisto en ver la habitación, porque no lo veo muy claro.  Cesc se queda en el coche y nosotras investigamos.   

-¿Pero donde nos van a meter?, me comenta mi hija.
-Pues no tengo ni idea, pero esto no me gusta
   
Después de atravesar las cocinas y entrar en un pasadizo que daba repelús, el chino nos muestra la habitación.

-No....no....aquí no quiero quedarme.
-Totalmente de acuerdo.
 
Ni nos gustaba el larguísimo trayecto para llegar a la habitación, ni la habitación en si, totalmente cerrada, sin ninguna ventana, totalmente claustrofóbica.
Después de varias vueltas, acabamos en un Confort Inn, con nevera y microondas, mesa y sillas. El típico motel de carretera que puedes entrar a la habitación directamente desde la calle. Haremos un pequeño campo base y nos quedaremos dos noches.

Aprovecho que hay tabla de planchar para alisar un poco unos pantalones y una camisa. La cena y hasta mañana.

Lunes, 10 de julio.

Hemos dormido como troncos. Empieza a ser habitual que el despertador suene a las 8.15; poco a poco, vamos acumulando cansancio. El desayuno, hoy es un poco diferente y con más variedad. Podemos escoger además de la bollería, huevos revueltos, salchichas, patatas fritas....no está mal y variamos un poco.

El día ha amanecido nublado y llueve un poco, la temperatura ha disminuido y nos obliga a coger el paraguas y el jersey.

Empezaremos el día en Peterborough, para visitar el Canadian Canoe Museum. Es un excelente museo que tiene una fabulosa colección  de canoas, kayaks y objetos con ellos relacionados en un recinto muy bien diseñado y atractivo.

Entramos en la región de Kawartha Lakes, zona en la que abundan las reservas indias y fantásticos parques. Nos acercamos al Petroglyphs Provincial Park; el parque está lejos, nos obliga a adentrarnos en el bosque, no hay turismo, no hay coches, la lluvia crea una atmósfera misteriosa, casi irreal....después de un largo silencio, vemos que el camino se acaba y tenemos que aparcar el coche. Se oyen tres grandes suspiros... Nos alegramos de haber llegado.

Salimos del coche y un letrero nos indica la dirección a seguir. Debemos de andar unos metros más. A lo lejos vemos un edificio cubierto que encierra probablemente la mejor colección prehistórica  de grabados en piedra de todo el país. Se trata de una enorme piedra, con diferentes grabados, cada uno con un significado diferente. No podemos tomar fotos ya que el lugar es sagrado para los indios nativos de la zona, los cuales aún se reúnen alrededor de la piedra para realizar sus ceremonias religiosas.

Al salir del recinto, nos llama la atención un cartel colgado de la pared, en la que se ve un oso y debajo unos consejos que te indican lo que tiens que hacer en caso de encontrarte con uno. La vuelta al coche, no hace falta decirlo, es rápida y con ojos como periscopios; no nos hace mucha gracia encontrarnos con algún pariente del oso Yogui.

Visitamos los pueblos de Bobcaygeon, Fenelon Falls y Lindsay hasta llegar a la carretera Hwy 23 a unos 34 Km al norte de Peterborough, donde hay la reserva india de Curve, lugar en el que viven unos 900 ojibwe. Aunque no compramos nada, entramos en el Whetung OJibway Centre, un edificio de madera que contiene una amplia colección de artesanía indígena procedente de todo el país.

Regresamos al motel un poco hambrientos. Hemos comprado bratwurts que cocinamos en la estupenda placa eléctrica; unas cuantas manos al póker.....un poco de TV.....y a dormir.

Martes, 11 de julio.

Después de hacer el chek-out y trasladar la ropa al “tendedero” del coche, ojeamos el mapa para trazar la ruta previa, antes de llegar a Ottawa. Hemos previsto un par de visitas que nos permitirá dejar la zona bastante bien vista.

Ponemos dirección hacia el sudeste de Peterborough. A unos diez kilómetros se encuentra un museo al aire libre llamado Lang Pionner Village constituido por edificios del s. XIX. Nuestra llegada sobre las 10 de la mañana, nos pone otra vez sobre aviso de que aquí, al igual que en EEUU, los horarios son tan aleatorios que nos impide determinar el tiempo de las visitas.

-Esto parece cerrado.
-!!!Pero si son más de las 10!!!
-Efectivamente, está cerrado...no abren hasta las 10.30.

No queremos esperar la media hora y aprovechamos, ya que se encuentra a poca distancia, para visitar el Serpent Mounds Provincial Park, nombre del emplazamiento de un antiguo cementerio indio.  Su situación en una suave colina es inmejorable y se encuentra muy cuidado. Todo el lugar es sagrado para los nativos, pero lo único que podemos apreciar son unos túmulos unidos formando determinadas formas, cada una con un significado distinto.

Visto el cementerio indio, volvemos a Lang Pionner Village que ahora ya se encuentra abierto.

-O somos los primeros, o esto no lo conoce nadie.
-Mejor...nadie nos molestará al tomar las fotos.

Tiene razón Cesc, no hay nadie, motivo por el cual, los actores convenientemente ataviados con trajes de época, se afanan en explicarnos sus historias particulares. La chica de la imprenta nos cuenta como realizan el periodico local, totalmente de manera artesana y nos hace una demostración... el dependiente del almacén nos enseña todos los productos...la maestra nos cuenta el funcionamiento de la clase....

El tiempo ha pasado sin darnos cuenta y nos vamos del museo viviente sabiendo cómo era la vida en aquellos territorios durante el siglo XIX.


Continuamos la ruta hacia Kingston, población en la que hacemos una breve parada. Brock St era el centro de la ciudad en el siglo XIX y aún pueden encontrarse tiendas originales de la época. Una de ellas es Cooke´s Fine Foods, un establecimiento gastronómico que conserva toda la apariencia de antaño y  donde la vista y el olfato pierden el norte por la cualidad y cantidad de los productos que la tienda alberga.

Salimos embriagados de la bonita e interesante tienda, despejando los sentidos en el exterior. Caminando tranquilamente por las calles, tenemos la oportunidad de contemplar un mercado local que se celebra al aire libre detrás del ayuntamiento. Después de ver todos los productos, optamos por comprar el  sirope de arce. Es un producto típico de Québec, que se obtiene de la savia del arbol una vez evaporado el agua, mediante un laborioso proceso. Tiene la textura de la miel y su sabor, aunque muy dulce, no tiene nada que ver con la miel, aunque su uso gastronómico es similar.

Después de probar varios tipos de sirope, todos extremadamente dulces, no tenemos claro cual es el mejor y casi a dedo nos quedamos con el que nos parece menos dulce. Nos llevamos seis botellitas de sirope para la familia. Contentos con la compra, acabamos la visita de Kingston en el Fort Henry National Historic Site. Este fuerte está custodiado por  soldados de vistosos uniformes, que realizan diversas representaciones todos los días. No estamos de suerte, ya que cierran a las 17.00 de la tarde y aunque llegamos a las 16.45, la billetería está cerrada desde las 16.30.

-Que poco trabaja ésta gente!!

Un poco enfadados debido a los horarios tan intempestivos, regresamos al coche.

Desde Kingston hasta Mallorytown Landing se extiende una tranquila región que se denomina Thousand Islands. En realidad cuenta con más de mil islas y constituye una agradable zona veraniega. Camino hacia Ottawa, podemos gozar del paisaje conduciendo a través de una lenta carretera la Thousand Islands Parkway que sigue el curso del río durante 35 kilómetros. El tiempo acompaña, haciendo la excursión mucho más agradable.

Empieza a oscurecer, nos acercamos ya a la capital de Canad á, Ottawa y buscamos alojamiento. El motel que nos queda más cerca, sin entrar en la ciudad es un Best Western. Aunque la habitación es correcta, no tiene nevera, ni microondas, ni tiene el desayuno incluido, ni puedo ver a través de la ventana de lo sucio que está el cristal.....y además es caro. No me gusta el hotel.

Miércoles, 12 de julio.

Nos levantamos un poco antes ya que nuestra intención es llegar antes de las 10 de la mañana a Ottawa para poder ver el cambio de guardia que se realiza delante del Parlamento.
Desayunamos en la habitación, ya que no lo tenemos incluido en el precio, unos croasants y una especie de “cacaolat”, que compramos ayer en un supermercado. En un momento recogemos los trastos, que cada vez son más a medida que pasan  los días. Estamos organizados; cada uno de nosotros sabe perfectamente la maleta que le toca llevar: la grande para el jefe, la mediana para mí y la pequeña para Nora. Además, cada uno lleva sus cosas particulares; resumiendo...nos faltan brazos.

Ayer ya pagamos el hotel, de ésta manera nos ahorramos la espera del chek-out y salimos rápidos. Una vez estamos fuera del hotel en dirección hacia el coche, un desesperado recepcionista nos llama la atención.

-!!! One moment please....!!!

Nos damos la vuelta sorprendidos.

-¿Qué ocurre?

De una forma un tanto atropellada, nos informa de que ayer pagamos el hotel pero sin las tasas y que por lo tanto, debíamos abonarlas. Nos miramos asombrados y perplejos ya que, efectivamente, pagamos la habitación, pero con taxas incluídas. Le mostramos el recibo que asevera nuestra afirmación.

-!!!Será posible!!! . Perseguidos como ladronzuelos!.
-Ratifico lo que dije anoche. No volveremos a alojarnos en un Best Western.

Hay que tener muy en cuenta que, tanto en EEUU como en Canadá, todos los precios son sin tasas. Siempre se tiene que preguntar el precio final y además, que quede anotado en un papel ya que, al día siguiente, cuando vas a pagar y te encuentras con otro empleado, las tasas siempre son diferentes; yo creo que cada uno aplica las tasas como le vienen en gana. Luego pasa lo que nos ocurrió.

Nos damos bastante prisa ya que este incidente ha hecho retrasarnos mucho y tememos no llegar a tiempo para ver el cambio de guardia.

Por suerte, la entrada a Ottawa ha sido rápida y en un momento llegamos al Parlamento. Como por arte de magia,  encontramos un aparcamiento enfrente mismo del lugar donde se realiza el cambio de guardia. Mientras Cesc aparca el coche, oímos la fanfarria de la orquesta militar. No le dejamos ni aparcar ya que bajamos del coche rápidamente.

-Nos encontramos ahí delante.
-Vale, vale.

Nora y yo empezamos a correr para poder captar toda la escena. Ella coge posición en una zona y yo en otra. Está lleno de gente y no se donde colocarme para poder hacer un poco de video. ¿por qué no mediré un palmo más?. Cómo puedo, consigo escabullirme entre la gente, consigo una posición y allí me quedo. El tiempo va pasando, hace un cuarto de hora que estoy aquí y Cesc aún no ha llegado ¿qué raro?. El cambio de guardia dura toda una larga media hora. Cuando ésta va finalizando, voy a ver que pasa con Cesc y lo encuentro en el mismo lugar, fuera del coche.

-¿Por qué no has venido? Le pregunto.
-¿Has visto ésta boca de incendio? Me contesta él.
- En el justo momento que acababa de aparcar, un policía me dice que ya puedo marcharme, ya que delante de las bocas de incendio, está totalmente prohibido aparcar. Le he comentado que os estaba esperando y, de momento, aún no ha vuelto a pasar. O sea, que ya podemos marcharnos rápidamente.

Ponemos el coche en un aparcamiento seguro y visitamos la ciudad a pie, ya que el centro es bastante compacto.

Los edificios del Gobierno Federal dominan el centro de Ottawa, especialmente el Parlamento y su figura es visible desde practicamente cualquier punto de la ciudad.

Nos llama la atención la catedral de Nôtre Dame; sus torres parecen estar envueltas en papel de aluminio lo que le confiere un aspecto un tanto extraño; por el contrario, su interior es muy bello.

Enfrente de la catedral se encuentra la National Gallery. Es la principal galeria de arte de Canadá. El edificio, de cristal y granito rosa, con vistas al rio, no pasa desapercibido.

Llegamos hasta Byward Market, zona del mercado que se encuentra muy animada y concurrida. Realizamos algunas compras al sur de los edificios del Parlamento, donde se encuentra el centro comercial peatonal de Sparks. La Bank St. es la principal calle comercial, y en ells encontramos buenas tiendas, bares y restaurantes.

Visto lo más importante del centro de Ottawa, nos desplazamos a Gatineau, al otro lado del río;  es más una parte de Ottawa que una ciudad independiente. Nos interesa un museo en especial: el Canadian Museum of Civilization dedicado principalmente a la historia del Canadá. Es un museo muy interesante. Contiene una extraordinaria colección de totems de la costa oeste en el Grand Hall y las exposiciones y recreaciones que se remontan a los orígenes del país son muy reales. Las exposiciones permanentes y temporales están dedicadas a aspectos específicos de Canadá.

El museo es enorme y debemos hacer un alto para comer. En la cafeter ía del mismo museo almorzamos tres frankfurts, tres de patatas fritas, una ensalada, dos raciones de fruta y tres refrescos ( 35,22$ c), en un comedor exterior con unas vistas al río y al Parlamento francamente agradables.

Una vez visto el museo, rápidamente emprendemos la ruta hacia Montreal. Queremos antes llegar a Mt. Tremblant, para lo cual al llegar a Montebello, salimos de la carretera principal para tomar una secundaria que nos llevará a destino. La zona de Mont-Tremblant, está dominada por la montaña del mismo nombre de sólo 960 m. de altura. A pesar de los lagos y ríos que se encuentran en la zona, la escasa altura de la montaña impide disfrutar un paisaje típico de alta montaña, lo que en conjunto, nos decepciona un poco. Seguimos por la carretera de las Laurentidas (región al norte de Montreal) para hacer noche en St-Jerôme, en un Confort Inn Suites, motel que está muy bien. La habitación es muy grande y tiene microondas, nevera y fregadero y en la que aprovechamos, como no, para hacer la cena en  nuestra cocina eléctrica. Mientras Nora se conecta gratuitamente a Internet en el ordenador del hotel y aprovecha para mandar algún correo a sus amigos.

Una vez descansados del ajetreado día planificamos la ruta para mañana: dirección Montreal.

Jueves, 13 de julio.

De momento, el día amanece radiante. Con buen humor y sabiendo el desayuno que nos esperaba, como de costumbre, ponemos dirección hacia el comedor del motel.

Después de pagar y ver otra vez como las tasas cambian de un día a otro y ya tomándolo a risa, nos vamos rumbo a Montreal. Podemos dejar el coche en un aparcamiento vigilado, muy cerca del viejo Montreal.

Hoy el calor aprieta muchísimo. No sé si es por ésto, pero no me gusta el olor de la ciudad, supongo que también influye el hecho de que en la ciudad circulan muchos coches de caballos.

El Vieux Montreal es el barrio antiguo de la ciudad y lo componen una serie de calles adoquinadas entre las que destaca la Place Jacques Cartier, llena de flores, improvisados músicos, vendedores ambulantes y llena de restaurantes y cafés que resultan bastante caros (tres pizzas, cuatro colas y un agua 69.75 dólares), aunque tienes el privilegio de estar en el corazón del Viejo Montreal y es divertido ver el ajetreo de la ciudad.

Llegamos hasta la Basílica de Notre Dame. Esta iglesia saltó a la fama en 1994 cuando la cantante Celine Dion se casó  en ella. Nora corre para ver su interior y calmar la curiosidad de ver donde se casó la cantante canadiense.

-Oh..! Oh...!
-¿Qué pasa?. Le pregunto.
- Hay que pagar 8 dólares para entrar.
-Pues, niña....asoma  el cogote a ver si ves algo.
-Lo siento, pero me niego a pagar en una iglesia, a no ser que tenga algo muy especial para ver. No me gusta este tipo de negocio.

Despacio y contemplando su exterior nos damos la vuelta y adiós. Una vez visto el centro histórico, recorremos la zona moderna, que presenta muchas similitudes con cualquier gran ciudad: amplias avenidas y grandes rascacielos.

Prestamos mucha atenci ón a un edificio que se asemeja mucho al Empire State de NY; es el edificio Aldred, una construcción art decó en la que efectivamente se intentó imitar al rascacielos neoyorquino hasta que el crash de 1929 puso fin a tales ambiciones.

Tambien la Catedral de Marie Reine Du Monde, está inspirada en la basílica de San Pedro del Vaticano, teniendo tambien un aire majestuoso pero ocupando tan sólo una cuarta parte de su superficie. El interior, está presidido por el impresionante baldaquín del altar tambien imitación del “Baldacchino” del Vaticano.

Montreal tiene tambien un barrio italiano llamado, como no, Little Italy, un barrio latino, el Quarter Latin, y un barrio joven y bohemio, Plateau Mont-Royal. Ademas, existe también, por supuesto, un barrio de comunidad principalmente homosexual, The Village. Paseamos por todos estos barrios observando sus distintos ambientes.


Por último, y para finalizar la visita a Montreal, nos dirigimos al Parque Olimpico para ver el estadio y la Tour de Montreal, la estructura inclinada más alta del mundo.

Después de comprar unos cuantos souvenirs para la familia y la cena en un supermercado, volvemos a coger el coche y a través de la autopista 40 llegamos a Troís-Rivieres donde  nos alojamos en un Confort Inn, a medio camino de Québec. Motel como todos pero...., pero..., sin ascensor. La “suerte”, es que estos moteles son de una planta o de dos como máximo. Nos miramos la escalera....y dejamos las dos maletas para el fortachón de la casa. Nora y yo, llevamos las bolsas y paquetitos hasta la habitación. Improvisamos unos cuantos bocatas, un poco de “rodeo vaquero” en la TV y a dormir.

iernes, 14 de julio.

El despertador suena...y suena.....y sue.. !!!plash!!! ha dejado de sonar. Son las 7.30 y miro a ambos lados, creo que aún se encuentran en fase REM. Todos tenemos las neuronas dormidassssss.
No suena el despertador pero Cesc me despierta. Caramba, que pronto pasa el tiempo, ya son 8.15. Nos movilizamos rápido. Después de hacer cola para entrar en la ducha, bajamos más despejados a desayunar. Digo bajamos porque es ésto lo que tenemos que hacer. En la misma recepción se improvisa una especie de comedor, pero que no funciona como tal ya que no hay ni mesas, ni sillas, ni nada que pueda hacer entender que el desayuno se desarrolla allí. Visto el panorama, cogemos cada uno una bandeja, se coloca la tostada de rigor con la mantequilla correspondiente, el zumo escogido (a elegir entre manzana o naranja), tira escaleras para arriba y desayuno en la habitación si tu equilibrio te ha permitido llegar con todo el material en la bandeja.

Después de pagar y volver a comprobar que las tasas han cambiado de un día para otro, nos dirigimos hacia Wendake, localidad situada a 15 km al noroeste de Québec. En ésta ciudad se encuentra el poblado hurón y organizan un circuito guiado que permite conocer de cerca la vida del pueblo hurón. En el restaurante se puede degustar bisonte y caribú además de otros platos más “normales”, que nosotros no pudimos probar ya que era a primera hora de la mañana. La tienda tiene tal  cantidad de artesanía indígena que hace difícil escoger alguna cosa ya que todo es muy bonito; además, yo siento especial predilección por los artículos étnicos. Las mantas son preciosas, pero desistimos de comprar alguna ya que aún quedan días por delante y preferimos algo más pequeño fácil de transportar. Nos quedamos con unos brazaletes y unos monederos de piel. Esto no ocupa espacio.

La siguiente parada ya es ciudad de Québec. Antes de su visita entramos en una pizzería a comer ya que, además de hambrientos y debido al calor tan intenso, estamos también deshidratados.
De todas las ciudades vistas hasta ahora, Québec es la ciudad que nos gusta más. La ciudad se divide en Haute Ville (Ciudad Alta) y Basse Ville (Ciudad Baja) estos dos barrios conforman el Vieux Québec (Viejo Québec).

Quebec es frances por excelencia y todo el centro histórico tiene mucho  interés. Encontramos una ciudad viva, alegre, culta...en cada rincón y en cada plaza hay espectáculo: cantantes, números circenses, músicos....que hace que a cada instante nos detengamos.
El símbolo arquitectónico de la ciudad es el espléndido castillo que funciona como hotel, Le Château Frontenac. Curioseamos un poco para ver su lujoso interior y después de unas fotos, me doy la vuelta varias veces....

-Oye... le digo a Cesc.
-¿Dónde está Nora?.
-No lo sé. Estaba aquí hace unos momentos.

Cómo por arte de mágia, mi hija desapareció sin dejar rastro. Miramos por todas las tiendas que había en el hotel, lugar donde es habitual que se encuentre y, nada, Nora se había esfumado.
Empezamos a preocuparnos ya que el hall tampoco era tan grande y lo habíamos mirado todo, o eso creíamos..., de repente, se abre una puerta y aparece más feliz que unas pascuas y me dice casi susurrando.

-Venga entra, que si se cierra la puerta, no podrás entrar.

Habia entrado en el lavabo reservado a clientes del hotel y al que sólo se podia acceder a él con la tarjeta correspondiente Había visto salir a una señora, se apresuró a impedir el cierre de la puerta y, como la necesidad obliga, ya estaba dentro del lujoso lavabo.

-Niña, avisa otra vez, vaya susto.
-Anda, y ¿qué querías que de dijera?: -“¿!corre que estoy entrando en el lavabo por el morro !?”.

No, claro, tampoco era plan, pero Cesc aprovecho también la ocasión y salimos todos del Castillo de Frontenac más que contentos.

Una vez vista toda la Ciudad Alta, llegamos a la Ciudad Baja a traves de la Escalier Casse-Cou (escalera rompecuellos); también es posible llegar a la ciudad baja  tomando un funicular. Si la ciudad Alta es bonita, la Baja lo es más. Pasear por las callejuelas es todo un auténtico placer. Numerosas tiendecillas surcan ambos lados de las pequeñas calles, lo que aprovecho para comprar el magnético para engrosar mi  colección. Aunque nos gustaría  quedarnos más tiempo callejeando por la bonita ciudad, el tiempo apremia y debemos marcharnos de Québec.

Hacemos noche en un Confort Inn Suites en la localidad de Santa Anne de Beaupré. El motel está muy bien, tiene dos habitaciones y una cocina totalmente equipada, mesa y cuatro sillas. El precio, de miedo (154.97dólares), pero decidimos quedarnos, ya que otro cliente nos informa de que los moteles que hay más lejos son más caros y no tienen el confort de éste. Mientras Nora se apodera del ordenador del motel y se conecta a internet, nosotros aprovechamos para ir a comprar la cena en un supermercado cercano al motel. Hoy toca cena de lujo: entrecot con patatas, cervezas y mucha fruta. Después de la cena, ojeamos el mapa mientras comentamos, con tristeza, que la estancia en el Canadá va llegando a su fín. Al cabo de un rato, nos dormimos con la imagen de la Basílica de St. Anne iluminada, que visitaremos mañana.

Sábado, 15 de julio.

Empezamos el día visitando la Basílica de Ste. Anne de Beaupré, centro cristiano de peregrinaje. La basílica exteriormente es majestuosa. Mientras caminamos hacia el interior, comentamos que tiene un cierto parecido a Fátima y Lourdes.


Una vez dentro de la iglesia, quedamos los tres con la boca abierta:

-Habéis visto....!

Es alucinante. El interior esta dominado por numerosos televisores que cuelgan de las paredes y cuya finalidad es dar instrucciones a los peregrinos. Se muestran los horarios de las misas para paraliticos, para ciegos, etc, de tal manera que todos estaban organizados. Había un ambiente casi surrealista. Sinceramente, no sabíamos si reír o llorar viendo como se juega con la fe de las personas. Nos marchamos inmediatamente de Ste Anne, medio enfadados al ver el negocio que la iglesia tiene montado en aquel lugar.

A unos 6 kilómetros de Beaupré, se encuentra el Canyon Ste Anne. Un imresionante y profundo cañón con unas cataratas espectaculares, que se pueden rodear y cruzar a través de salientes y altísimos puentes. Cruzar los puentes colgantes, fue todo un reto para mí, no demasiado amante de las alturas. Lo pasamos muy bien disfrutando de los puentes y la naturaleza

Continuamos por la carretera 138, parando de vez en cuando para tomar alguna foto. El paisaje a partir de Québec ha cambiado. Es más bonito y más tranquilo. La temperatura también es diferente, mucho más fresca; se nota mucho la diferencia, al venir de un lugar de un calor casi asfixiante.

Continuamos la marcha. Casi a las 5 de la tarde llegamos a Baie Ste. Catherine. Lo primero que hacemos es ir a contratar la excursión para ver las ballenas. Hay dos compañías solventes que se encargan de los cruceros. Ambos parten de Tadoussac y luego recogen a la gente de Baie Ste. Caterine. Después de informarnos, nos dicen que a las 5 en punto parte una zodiac. Pensamos que es demasiado precipitado y lo dejamos para mañana. A las 10 menos cuarto puntuales en el puerto. Allí estaremos...


Pensamos que lo mejor será quedarnos a dormir en Baie, en vez de Tadoussac, ya que el barco nos recoge en el mismo puerto. Una vez tenemos los tíquets en la mano, debemos buscar alojamiento. En ésta zona, ya un poco lejos, las cadenas de moteles ya no existen, por lo que damos unas cuantas vueltas para ver si acertamos en la elección adecuada. Nos quedamos en un motel que las habitaciones son casitas, exteriormente muy monas y el interior sencillito, pero con cocina y nevera además de mesa y sillas.... con unos cuantos agujeros.

Como no hay cadenas, tampoco hay grandes supermercados. Nos tenemos que conformar con un pequeño super de pueblo, poco abastecido. Una vez hemos comprado alguna cosa para la cena nos vamos inmediatamente al motel ya que hace bastante frío. La zona es muy tranquila, no se oye ningún ruido, apenas pasan coches por la carretera.

La tranquilidad y el silencio invita al relax, que unido al cansancio hace que una vez cenados, el  sueño aparezca en seguida. Nos vamos a dormir con la ilusión y esperanza de poder ver mañana alguna ballena.

Domingo, 16 de julio.

Me he pasado toda la noche encogida del frío que he pasado. Me acerco a la ventana para ver como se presenta el día y aparece muy nublado y con  niebla.

-Chicos: fantástico día para ver ballenas.

Empiezan a movilizarse y se asoman también a la ventana. Entonces, me miran con cara de pocos amigos.

-Estás de guasa, ¿no?

Preparo unos cafés con leche bien calentitos, para entrar en calor y quitarnos el frío de encima. Después del desayuno pagamos el motel (110,53 $), cargamos las maletas en el coche y nos dirigimos hacia el puerto de Baie. Tenemos que abrigarnos bien y esperamos a que llegue el barco. Primero llega el de la compañía Groupe Dufour Croisières en el cual embarcan algunas personas de las que esperan también en el puerto. Mientras esperamos nuestro barco, miro al horizonte y me pregunto si con aquel tiempo  podremos ver algún cetáceo. Tengo la esperanza que el tiempo mejore un poco y podamos aprovechar el día. Al cabo de unos minutos llega nuestro barco, la compañía AML en el cual embarcamos de inmediato.

Todos nos apresuramos a buscar un buen lugar y una vez todos dentro, ponemos rumbo hacia el St. Lawrence. Una guía convenientemente situada, está alerta de cualquier movimiento y en el momento en que avista una ballena inmediatamente nos informa de su situación. Estamos de suerte ya que el día poco a poco va mejorando y acaba por salir el sol. Al poco de zarpar, podemos ver las simpáticas focas. Quedamos todos apelotonados en la proa del barco y zas...foto..foto...foto. Al cabo de poco tiempo, podemos ver las ballenas de la variedad beluga. Un poco después observamos otras especies: pequeño rorcual, rorcual común y la magnífica ballena azul. Un espectáculo impresionante, maravilloso.

Es fantástico poder ver estos animales en su hábitat, meciéndose en las olas y nadando frente a nosotros. Nos acompañaron durante todo el trayecto hasta entrar en el fiordo de Saguenay. Finalizada la excursion, el barco se dirige primero hacia Tadoussac, para desembarcar a las personas que allí han embarcado.

Después pone rumbo hacia Baie Ste. Catherine, nuestro lugar de destino. Estamos felices y contentos ya que la excursión ha valido mucho la pena; creo que siempre tendremos gravadas en la retina las imágenes de las ballenas y las focas nadando a nuestro lado.

Recogemos el coche y tomamos la carretera 138 en dirección sur. Este ha sido el punto más lejano y ahora ya toca descender y dirigirnos hacia EEUU otra vez. La carretera sigue el curso del mar. Hay marea baja y la distancia de la playa al agua es enorme, lo que nos recuerda mucho a la Bretaña francesa.

Bajamos rápidos. Pasamos delante de la Cataratas de Montmorency que avistamos fácilmente desde la carretera principal y esto nos recuerda que estamos sólo a 7 kilómetros  de Québec. Nuestra intención es llegar lo más cerca posible de la frontera de EEUU y hacemos noche en un Confort Inn en Drummondville. No tiene ni nevera, ni microondas, ni internet, cosa que pone de mal humor a Nora, acostumbrada a conectarse casi cada día a la red. Estamos un poco tristes ya que es nuestra última noche en Canadá, y al mismo tiempo alegres porque a partir de mañana podremos hacer uso de los cupones de descuento en el alojamiento. Despues de la cena, guardamos las guías  y mapas del Canadá y volvemos a sacar el material de EEUU para estudiar los próximos días.

Lunes, 17 de julio.

Hoy toca desayuno en la habitación,ya que en este motel tampoco comedor. Sin novedad en el menú: tostadas, zumo y café con leche, aunque está vez no hemos tenido que hacer tantos equilibrios con la bandeja ya que tenemos la habitación en la planta baja.

Con calma lo recogemos todo, subimos al coche y poco a poco nos vamos acercando a la frontera; llenamos el depósito antes de cruzarla. Hay poco tránsito pero controlan bien los coches. Siempre al cruzar fronteras me pongo un poco nerviosa y ahora lo estoy más ya que, al sacar los pasaportes, me he dado cuenta que Nora y yo llevamos los visados cambiados. Al entrar en Canadá, no se dieron cuenta o al menos no nos dijeron nada. ¿Qué pasará ahora?.

Cuando nos toca a nosotros, el policía se entretiene mirando los pasaportes, nos pregunta donde vamos y cuantos días nos quedaremos. Al final, se da cuenta de los visados y nos lo hace saber. Nosotros le respondemos que no es culpa nuestra si en inmigración graparon mal los visados. Después de unos momentos, nos devuelve los pasaportes y nos invita a entrar en su país.
Miramos hacia atrás con nostalgia y decimos adiós a Canadá. Entramos en EEUU por el estado de Vermont, dejando atrás la ciudad de Newport.

Hoy va a ser prácticamente un día de ruta. Hacia el mediodía entramos en el estado de New Hampshire cuya región septentrional tiene las cumbres más altas de Nueva Inglaterra, las White Mountais.

En ellas intentamos descubrir el llamado Old Man of de Mountains, una formación de granito que se asemeja a un perfil humano, y un abismo de 240 metros de longitud conocido como Flume.

Vemos el abismo, pero el perfil es tan pequeñito que nos pasa desapercibido y solo lo podemos observar en una pequeña exposición que se encuentra situada en el parking, a unos minutos del lugar en cuestión.

Consideramos éste “atractivo” turístico, como una tomadura de pelo y continuamos hacia el Lago Winnipesaukee, el cual lo rodeamos entero a través de una agradable carretera, en la que vemos bonitas casas, bellos paisajes y algún puente cubierto.

El d ía acompaña ya que luce un sol espléndido y hemos dejado atrás el frío de Tadoussac.
Hacemos noche a las afueras de Concord en un Fairfield Inn. Como cada día, compramos la cena en el supermercado y una vez cenados debemos organizar los próximos días, ya que cada uno está interesado en ver algo en concreto y debemos ponernos de acuerdo.

Martes, 18 de julio.

A las 7.30 ya estamos despiertos ..., no porque haya sonado el despertador, sino porque los operarios que están trabajando fuera del motel están armando tal ruido que es imposible no despertarte. De todos modos, nos acurrucamos entre las sábanas y esperamos hasta que suena el bip...bip...bip  del teléfono.

Pasamos delante de la piscina, que no hemos aprovechado, y  de la sala de musculación, que tampoco hemos utilizado, para ir a desayunar. Luego, pagamos el motel (66,96 $) y nos dirigimos hacia Canterbury Shaker Village, una comunidad cuáquera del siglo XIX, en la que hay demostraciones de artesanía y mediante su visita se descubre su vida cotidiana. Hace mucho, mucho calor, y la visita aunque  agradable, la realizamos deprisa para regresar de nuevo al coche y poder disfrutar del aire acondicionado. La próxima parada será Salem. De Concord a Salem hay pocas millas, pero se nota que nos acercamos a Boston ya que el tránsito comienza a ser intenso. La entrada en la ciudad es bastante caótica, toda la ciudad está patas arriba, obras en todas direcciones y parados a cada momento. Nora está durmiendo en la parte de atrás.

-Eh!! dormilona...despierta. Estamos entrando en Salem.
-¿Esto es Salem? Que feo.

Tiene razón. La ciudad es un auténtico lío por estar completamente en obras;  no podemos encontrar el centro de la ciudad. Esto hace que pasemos más de una vez por el mismo lugar. Cuando conseguimos llegar a lo que en principio es el centro, paramos el coche. No vemos nada que haga referencia a lo que dió fama, en este caso mala fama, a la ciudad: las brujas. Decepcionados, decidimos dejar la ciudad y poner dirección a Boston. Miro en el mapa la carretera que debemos coger y me doy cuenta que hay otra ciudad con el mismo normbre: Salem.

-Ah!! …ah!! , ahora ya lo entiendo. Es que hay dos ciudades con el mismo nombre y nosotros estamos en la Salem que no tiene brujas.

Dejamos la caótica ciudad y nos dirigimos a la “verdadera” Salem. Desde luego, tiene un aspecto totalmente diferente. Es una bonita y tranquila ciudad, con unas impresionantes casas de madera que quizás esconden tras sus paredes un pasado misterioso.....
Salem es conocida por la persecución de brujas de 1692. Este triste episodio de la ciudad es ahora aprovechado por las numerosas tiendas en las que se pueden encontrar los más variados artículos de mágia, brujería y objetos de ultratumba, además de numerosos museos dedicados a este tema.

Comemos en un Deli unas ensaladas muy buenas antes de visitar el museo de la brujer ía, donde se recrea los sucesos de 1692, durante los cuales se asesinaron a numerosas personas acusadas de brujería. Después de visitar el pueblo, entrar en multitud de tiendas y de pasear por el cementerio, llegamos a la conclusión que las brujas están de vacaciones y por lo tanto, nosotros también abandonamos la Witch City.

Estamos cerca de Boston y tenemos que buscar motel. Hoy se presenta un poco difícil ya que, al estar cerca de la gran ciudad, todos los moteles en los que paramos están llenos. Esto nos obliga a alejarnos un poco y llegar a Burlington en el que encontramos alojamiento en un Hampton Inn. Respiramos aliviados al ver que por fin tenemos lugar para dormir. Presento el cupón de descuento a un estirado recepcionista, el cual me contesta con un simple
 
-It´s not posible.